Una vez en la vida
Pasar la noche esperando unas entradas para un concierto.
Conocer un montón de gente genial.
El ambiente del lugar.
No dormir porque sonaba una y otra vez la discografía del grupo en cuestión.
Y porque ciertamente había nervios.
Sentirlas en la mano:
Subirse al tren del Rock!
Hay que vivirlo al menos una vez en la vida.
San Mamés es para los más grandes…
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